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El suelo de jardín

Si bien es posible el cultivo de plantas sin el soporte físico del suelo como en el caso de la hidroponía, donde se le suministra alimentos diluidos en el agua, tanto para el huerto como para el jardín casero será necesario que contemos con ese elemento primordial que llamamos suelo, tierra. Si tenemos un baldío, terreno, rincón o una maceta nada importa. Lo que vale es decidirnos a entrar en contacto con esas silenciosas amigas que hablan: las plantas.

Una buena tierra para cultivo debe ser esponjosa, bien aireada, equilibrada en minerales y sustancias orgánicas.

Si el contenido de arcilla es alto, el suelo se apelmaza y expulsará de su estructura gran cantidad de aire a la vez que retendrá la humedad, produciendo a la larga, pudrimiento de las raíces. Por el contrario, si el componente abundante es la arena al estar constituido por pequeños granos impermeables dejará pasar la humedad hacia abajo con lo que aportará poco beneficio al crecimiento de la planta.

Materiales orgánicos en el jardín del hogar

Una manera inequívoca de lograr el equilibrio es la de incorporar materiales orgánicos. Dicho así parece que cualquier desperdicio de vegetales o animales puede surtir efecto tirándolo al jardín o al huerto., pero convendrá hacer un pudridero en un rincón apartado para descomponer la materia orgánica. Mézclelo cada tanto tiempo, incorpórele tierra y manténgalo bien húmedo sin que llegue a empastarse. Conviene también cubrirlo con un plástico para favorecer la descomposición. Con el paso del tiempo, esta tierra preparada se incorpora al huerto, jardín o maceta y sus plantas acusarán la diferencia de alimentación.

Los minerales

Nitrógeno, fósforo, calcio y potasio son los elementos principales del reino mineral que intervienen en la nutrición de las plantas.

Cada uno de ellos cumple una función particular que es conveniente conocer para saber realizar acomodamientos que silenciosamente, cada una de nuestras plantas estarán reclamando.

  • El Nitrógeno: si se encuentra en la medida justa, las hojas lucirán más verdes y voluminosas, a la vez que aumentarán el brillo, dando una sensación de lozanía y fortaleza.
  • El fósforo: Elemento difícil de asimilar porque tiende a quedarse en las partículas del suelo por su baja solubilidad. Es el elemento nivelador pues contribuye a darle a los vegetales resistencia al frío y a las enfermedades.
  • El potasio: Una cantidad importante es requerida por las plantas de fruto, semillas arracimadas y tubérculos comestibles. Constituye la reserva vital de esas variedades. Por otra parte, favorece la formación de azúcares y aromas.
  • El calcio: Está presente en nuestros suelos en cantidades abundantes y se vuelve asimilable junto con el fósforo. En la formación ósea de los vertebrados ocupa un lugar preponderante y de la misma manera, contribuye a la formación de la estructura de las plantas. La falta de calcio se podrá normalizar con el espolvoreo de cal muerta, y el exceso, con la incorporación al suelo de una cantidad de azufre.
Otros elementos minerales

Hay otros minerales que no deben estar ausentes del suelo. Se los reconoce con el nombre de microelementos porque la cantidad necesaria es poquísima pero no deben faltar, ya que se alteraría el crecimiento equilibrado de las plantas. Ellos son: hierro, zinc, azufre y boro.

En las casas especializadas se consiguen productos bajo denominaciones comerciales diferentes en cuyos envases se encuentran las especificaciones sobre porcentajes, administración, solubilidad, etc. por lo que se recomienda leer con atención los prospectos adjuntos.

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