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Montaje de maderas

Como complemento y perfeccionamiento de la unión a tope entre dos maderos consolidados por un instrumento (punta, clavo o tirafondo), si los maderos quedan enlazados por medio de un labrado que, además de proporcionar mayor superficie de encolado, actúe como un ajuste mecánico, es indudable que la unión será mucho más contundente. Los labrados más sencillos que contribuyen a una unión entre maderos o entre tableros que tengan el grosor necesario para permitir el labrado son esencialmente dos: el rebajo y la ranura o canal.

  • Tanto el rebajo como la ranura pueden ser utilizados para uniones de toda clase: empalmes, acoplamientos y ensambles. De hecho, la unión a media madera es un rebajo en uno y otro madero; sirve, asimismo, para cualquier tipo de unión, y muy especialmente para la formación de bastidores (ensambles) o para prolongar en longitud maderos (empalmes). Por su parte, la ranura (que tanto puede servir para uniones mediante cola como para simple encajado sin cola) es parte fundamental de una típica unión por acoplamiento: el machihembrado.
  • Y para conseguir una mejor trabazón entre elementos que se unen, especialmente ensamblados, cabe usar el rebajo y la ranura al mismo tiempo.

Uniones con rebajos

Un rebajo es el labrado que se realiza en la arista de un canto de madero o tablero para reducir (rebajar) su grosor y profundizar en anchura la superficie total de la nueva extremidad obtenida en la pieza. Los rebajos pueden realizarse a lo largo de todo el canto o parcialmente, en cuyo caso se obtiene lo que se denomina un rebajo cojo o incompleto.

Las uniones a base de rebajos pueden lograrse mediante un rebajo en uno solo de los maderos para que se acople en él el otro madero en todo su grosor -unión mediante rebajo sencillo- o bien labrando ambos maderos, de tal modo que el “espaldón" que ha quedado en uno de ellos cargue sobre la parte que no ha sido rebajada del otro (unión con doble rebajo).

Como ya se ha dicho, las uniones a base de rebajo pueden ser utilizadas tanto para empalmes como para acoplamientos o juntas, y también para ensambles. En realidad, la diferencia sólo estriba, prácticamente, en las dimensiones de las secciones de los maderos que se unen y en la forma en que se prolonguen, se extiendan o se encuentren entre sí los maderos o las piezas de tablero. Como el labrado de los rebajos y de las ranuras puede llevarse a cabo de forma idéntica por los diversos tipos de herramientas, se reserva para más adelante la forma operativa de realización de rebajos.

Ranuras (canales) y uniones con ranuras

La ranura (o canal) difiere del rebajo por el hecho de que, así como éste se realiza sobre una arista de un canto de madero 0 tablero de cierto grosor, la ranura se lleva a cabo en plena superficie y no en un extremo de la pieza que se labra. Por lo tanto, la ranura presenta un rehundido con dos caras paralelas encaradas. Dichas caras pueden ser de mayor o menor amplitud frontalmente opuestas, y el labrado que se halla entre ambos límites del ranurado puede ser plano, curvado o con un perfil más o menos complicado.

Igual que ocurre con los rebajos, las ranuras pueden ser pasantes de un extremo a otro del madero (y por lo tanto manifiestas, vistas, por los cantos del madero que recibe el labrado) o solamente parciales, en cuyo caso se trata de las ranuras o canales ciegos, pues solamente son visibles por una de las caras del madero labrado.

Cabe la posibilidad de realizar uniones mediante ranuras (pasantes o ciegas) con maderos que encajan en ellas (de parte a parte o de manera parcial), con maderos que se unen (empalman, acoplan o ensamblan) o con maderos que conservan toda su anchura o han sido, a su vez, rebajados.

Así como las uniones de maderos a base de rebajos suelen ser siempre consolidadas mediante encolado y, eventualmente, con aportación de un elemento de fijación (clavo o tirafondo), muchas ranuras, además de servir para uniones consolidadas de manera análoga a como se realiza con los rebajos, pueden ser utilizadas simplemente como sistemas de sostén o retención de una tabla por cada uno de sus extremos en otras dos tablas dispuestas paralelamente; éstas acogen la tabla que se encanala en una posición angular, generalmente de 90°, pero que no puede ser circunscrita a dicha abertura. En estos casos de entrega oblicua de un elemento transversal, el ángulo de uno y otro lado siempre son suplementarios (es decir, sumados forman 180°). Éste es el caso de muchos peldaños alojados en ranuras de las jambas laterales de una escalera. En cambio, para constituir las divisiones de un casillero o de anaqueles de una estantería, los elementos se entregan en ángulo recto respecto a los maderos ranurados que los acogen.

Realización de rebajos y ranuras

Tanto los rebajos como las ranuras pueden ser realizados de manera manual (con serrucho -preferiblemente de costilla y con dentado fino- y a veces con formón) o mecánicamente, ya sea por aserrado (aserrados consecutivos hasta conseguir el vaciado total de lo que se elimina o bien solamente de los lados) o mediante fresado, con el cual se consigue el labrado de manera total, es decir, el perfil del rebajo o ranura y, al propio tiempo, se elimina el material sobrante.

De las herramientas de que disponga el bricolador dependerá la consecución de un rebajo o una ranura con mayor o menor esfuerzo físico y mayor o menor precisión en el trabajo.

Evidentemente, en las acciones manuales no es aconsejable confiar sólo en la destreza de quien actúa: para realizar los cortes con el serrucho de costilla será preferible valerse de elementos que guíen la herramienta y eviten desvíos. Igualmente puede decirse en los cortes paralelos que han de servir para lograr una ranura. Una regla metálica o un listón recto, convenientemente fijados, de manera que delimiten la línea de corte del serrucho, serán un excelente sistema de conseguir dos cortes definidos y efectivos.

Para el corte de los dos lados de un rebajo en ángulo recto, se habrá de tener cuidado en no rebasar el ángulo de encuentro de ambos cortes. Así, se deberá ir con precaución al acercarse al extremo del trozo que hay que aserrar, con el fin de evitar que queden rastros (ligeras incisiones) en uno y otro extremo del corte. Para ello es importante mantener siempre el serrucho en posición recta y que no se incline hacia uno u otro extremo. De este modo se logrará que toda la madera que se elimina se desprenda fácilmente cuando se realiza el segundo corte angular.

En las ranuras o canales, después de haber practicado los cortes a uno y otro lado de la anchura que debe tener la ranura, se tendrá que eliminar la parte que queda entre ellos por otros medios: mediante reiterados aserrados hechos en plena parte a eliminar o bien con ayuda de un formón cuya boca no sea superior a la anchura de la ranura. En este caso hay que operar con el formón de manera que se mantenga bien plano y no rebase la profundidad que debe tener la ranura.

Análogamente al modo en que se actúa con un serrucho manual, se puede recurrir a la acción de una sierra eléctrica, llevando a cabo los cortes con una sierra circular, ya sea a mano alzada con la máquina contra el material o bien, inversamente, con el material deslizándose sobre un plato para fresar en donde asome la hoja de la sierra. En este último caso se podrá disponer de cómodas guías laterales que garantizarán la regularidad de los cortes, tanto para los de tipo angular de un rebajo (contra el plano y el canto del madero) como para los dos cortes que definen la anchura de la ranura o canal. Es más: si se intercalan diversas pasadas intermedias entre ambos cortes limitadores, se podrá conseguir la eliminación de la madera intermedia sobrante.

Pero la herramienta ideal para conseguir cómodamente rebajos y ranuras es la fresa. También como en el caso anterior se puede trabajar con fresas manuales utilizadas a mano alzada contra el materia) convenientemente establecido y fijo o bien, inversamente, actuar con el material contra la herramienta, asomando en una platina donde apoyar el material.

Aparte de los diversos accesorios acoplables a la máquina universal y además de la fresadora integral, el fresado se puede lograr igualmente por medio de un plato para fresar acoplado a un pie derecho que retiene la máquina universal; también se puede recurrir a una fresa estacada o fijada en el centro de una platina (esta máquina se conoce industrialmente con el nombre de "tupí", voz de origen francés).

Desde luego la fresadora, en cualquiera de sus modalidades, es una herramienta que debe ser manejada con mucha precaución, particularmente si la máquina -tal como realmente conviene- está dotada de gran potencia y numerosas revoluciones. Cuanto mayor sea el número de éstas, más limpieza se logrará en el labrado. Las máquinas de fresar ideales son las que trabajan a partir de 12.000 revoluciones por minuto.

Se comprende que esta velocidad puede ser muy peligrosa si no se actúa con precisión y experiencia y si la máquina no está equipada con un mínimo de dispositivos de seguridad y protección. Es conveniente realizar una serie de ejercicios antes de considerarse en condiciones de utilizar una máquina de fresar del tipo que sea.

Tanto para rebajos como para ranuras pasantes de un extremo a otro de un madero, no se planteará dificultad alguna, salvo la que pueda representar el saber desenvolverse y utilizar la máquina que se emplea. Pero cuando se quieren realizar rebajos cojos o ranuras ciegas, se tropieza con el inconveniente de que los finales del labrado no quedan perfectamente escuadrados respecto a los bordes laterales, pues la acción de una pieza circular acaba siempre sobre el material que se desbasta en un segmento circular (más o menos prolongado según cual sea el radio de la herramienta empleada).

Para conseguir un acabado bien escuadrado de un rebajo cojo o de una ranura ciega, no hay otro remedio que rematarlos manualmente con ayuda de un formón. En las uniones por encolado, un recurso puede consistir en rellenar los posibles huecos con una masilla de epoxídica o de poliéster. En el primer caso, una mezcla de resina con aserrín puede constituir un excelente sistema de relleno.

Un detalle importante a tener en cuenta en los labrados, tanto de rebajos como de canales, es el grosor que debe quedar en el madero para que no resulte debilitado. En principio, cualquiera que sea el tipo de unión (empalme, acoplamiento o ensamble) y para espesores normales de maderos o tableros, el grosor no debe ser inferior a la tercera parte del que tiene el madero. Esto puede aplicarse, por ejemplo, a maderos corrientes de 24 a 45mm de grosor.

En grosores mayores, y especialmente en labrados con doble rebajo a uno y otro lado, para encajar en las ranuras correspondientes que se hayan practicado en el otro madero en el que han de ajustarse, el grosor puede ser algo inferior. Así, por ejemplo, es válida una unión con doble rebajo a uno y otro lado, quedando una mecha para encajar en una ranura hembra hecha en el otro madero; mientras los rebajos tienen un grosor de 60mm, la mecha puede tener solamente de 12 a 16mm.
Por lo que se refiere a la profundidad de las ranuras en las que se desliza, por ejemplo, un estante, habrá que considerar como un mínimo de profundidad la tercera parte del grosor del montante que recibe la ranura.

Cuando las ranuras (pasantes o ciegas) se realizan en los montantes de una estantería, la profundidad de dichas ranuras está muy relacionada con la longitud del estante que acogen. Se ha de tener en cuenta que el pandeo que sufren los maderos que hacen de anaquel puede ser importante según el peso que hayan de aguantar; si éste es considerable, probablemente no se logrará un encaje perfecto con la ranura.

El pandeo del estante, además de su longitud, está en función de su grosor, lo cual se ha de tener también en cuenta. Como por razones de tipo diverso (estético, mayor coste del material cuanto más grueso sea un madero, etc.), se tiene tendencia a que un anaquel o estante no sea muy grueso, para que se mantengan con ciertas garantías de solidez los estantes que se alojan en ranuras de los montantes laterales, convendrá que la longitud (anchura) de dichos estantes no sea superior a los 800mm cuando deban soportar libros, que constituyen un peso importante.

Montaje

Antes de proceder al montaje definitivo, es aconsejable hacer un ensayo y ver cómo encajan entre sí los elementos labrados que se quieren unir. Hay que tener en cuenta que, debido a la falta de práctica en el labrado, quizá se produzcan desviaciones en los cortes y en los acabados complementarios de los labrados.

  • Así, si se observa que la falta de encaje se debe a un exceso de material en una de la partes que se unen, será conveniente proceder a un retoque mediante escofinas, limas bastas o algún otro instrumento de tipo abrasivo, o bien reduciendo con el serrucho un espaldón que haya resultado más largo de lo conveniente. Pero, antes de realizar el retoque, hay que marcar con precisión lo que se pretende eliminar.
  • Otra buena recomendación es no precipitarse y operar en varias fases para no sobrepasarse en la eliminación de material, con lo que se originaría otro defecto importante: un exceso de holgura.
  • Si se detecta que en la unión se ha producido una holgura entre ambas piezas, se deberá corregir esta parte vacía aportando un fragmento de madera. En muchos casos, una relativa holgura puede corregirse muy bien insertando un trozo de chapa.
  • Las uniones que se quieran lograr por medio de encolado pueden quedar bien consolidadas si se realiza al propio tiempo un hincado de puntas cónicas o, mejor, sin cabeza. En cambio, es aconsejable eludir la consolidación mediante tirafondos, salvo en el caso de que el madero que los deba recibir sea lo bastante grueso para la penetración de éstos; no ha de actuar en forma de cuña ni hendir las fibras rajando el madero. En todo caso, conviene, incluso en el caso de que la madera sea suficientemente gruesa para recibir los tirafondos, realizar un taladrado previo (es decir, un agujero cuyo diámetro corresponda al grosor del alma del tirafondo, descontando lo que ocupan las hélices de éste a uno y otro lado). Y, en todos los casos, será preferible el uso de tirafondos autorroscantes (para aglomerado) en lugar de los tradicionales tirafondos cónicos sólo parcialmente roscados.

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