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¿Cuántas veces llegamos a nuestro hogar y nos encontramos con que olvidamos apagar las luces? O también ¿qué tantas veces sufrimos el momento engorroso de buscar a tientas nuestras llaves en un pórtico en tinieblas?, ¡No más! Ahora puede salir de una habitación sin preocuparse por apagar la luz, entrar a una sala a oscuras sin necesidad de buscar el interruptor de la luz. Esto se logra gracias a la instalación de detectores de movimiento. Estos mecanismos se encargan de encender y apagar automáticamente las luces ante la presencia o ausencia de personas. Son una alternativa para gestionar el consumo de energía y conseguir una reducción del gasto en la factura de luz y ahorrar en tropezones y golpes. ¿Dónde instalarlos? Pueden instalarse en el interior de la casa o en el jardín. Los detectores de movimiento son muy útiles para iluminar zonas de paso, pasillos, escaleras, garajes o puertas de acceso a la vivienda, pero también resultan prácticos en espacios al aire libre. La mayoría de estos aparatos permiten regular tanto la sensibilidad al movimiento (distancia de detección) como la intensidad de la luz y el tiempo que ha de permanecer encendida. ¿Cómo funcionan? Los detectores de movimiento tienen un radio de acción que, cuando es invadido, automáticamente emite una señal que enciende la luz. En materia de seguridad ayudan a disuadir a posibles “amigos de lo ajeno”, pero sobre todo ayudan al ahorro de energía, ya que evitan que una luz permanezca encendida cuando la habitación está vacía. Rango de cobertura y potencia Según donde se instale, el detector, tiene un radio de acción que suele oscilar entre 90º y 360º. Las zonas habituales son la pared (donde detecta un radio de 180º) o el techo (abarcando un área de 360º), pero también es usual colocar los detectores en esquinas. En cuanto a la distancia de detección, esta depende del lugar en el que se instale el detector y de la potencia que tenga. La carga media que soportan es de 1.000 w, se recomienda colocar un censor cada 20 metros cuadrados. |