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Sistemas de calefacción

Aunque es algo rutinario encender la estufa; cuando no quiere funcionar y sólo despide humo y hollín estamos más impotentes que ante una avería del automóvil, y el fastidio aumenta con el número de hogares por atender.

El tiro de la estufa depende de la diferencia de presión entre el aire exterior, frío y pesado, y el aire de la habitación, caliente y liviano, así como de la altura de la chimenea, es decir, de la distancia entre el hogar y la boca de salida. Cuanto mayor es esta distancia, tanto mejor es el tiro.

Si la estufa tira mal no sólo hay desaprovechamiento del combustible, sino también peligro de intoxicación por el reflujo de los gases de combustión.

Cuando una estufa deja de tirar únicamente en los momentos en que se dan ciertas condiciones meteorológicas es porque existe en el interior de la chimenea una columna de aire frío que no puede escapar, bloqueada por el aire exterior. Este problema sin importancia se remedia encendiendo un fuego de papeles o virutas en la abertura más baja posible -generalmente la portezuela de limpieza ubicada en el sótano- que expulsa el aire frío de la chimenea.

También determina el tiro de la chimenea la ubicación de los edificios vecinos y la dirección del viento. El tiro se perjudica cuando hay alta presión en la boca de la chimenea y, en consecuencia, se contiene la salida del humo, o cuando hay baja presión en la habitación donde está la estufa. Si se dan ambos fenómenos a la vez, puede invertirse el tiro, de modo que el humo y los gases de combustión son empujados hacia el interior de la casa.

En la mayoría de los casos, sin embargo, la fuerza del viento favorece el tiro, pero para ello la boca de la chimenea debería hallarse justo en la cima del techo, donde la corriente de aire se desvía hacia arriba y produce un efecto de aspiración. Cuando el mal tiro es permanente, la falla debe buscarse en la estufa o en la chimenea, pero procediendo sistemáticamente. El examen comienza, por supuesto, por la estufa, donde es probable que las partes internas se hallen obstruidas por las cenizas acumuladas; sobre todo las estufas de azulejos con muchos tubos de subida y bajada, deberían limpiarse después de cada dos períodos de calefacción.

En estas estufas las aberturas de limpieza se reconocen porque se hallan cubiertas por un azulejo circular que puede quitarse ejerciendo en el borde una leve presión con una espátula o destornillador. Una vez abiertos, los tubos se liberan de las cenizas acumuladas mediante un viejo cucharón. Las aberturas inferiores sólo se abren cuando se ha llegado a ellas desde arriba, a fin de evitar que se precipite desde ellas una nube de cenizas.

Terminado el trabajo se vuelven a colocar los azulejos de cierre y se obturan los bordes con una pasta apropiada.
El tubo de hierro que une la estufa con la chimenea se golpea levemente con un martillo para desprender el hollín adherido en su interior y hacer que el tiro los sople hacia afuera, en la primera oportunidad que se prenda la estufa. Las escorias pegadas a la parrilla de hierro y que impiden el acceso del aire para la combustión se sacan con un cincel con buen filo.

Todo sistema de estufa y chimenea debe ser hermético, pues si entra aire secundario se disminuye el tiro. El ingreso de aire perjudicial puede hacerse por las tapas de limpieza dañadas por la corrosión, o por grietas en la unión del tubo de la estufa con la mampostería, o en los tabiques de separación de tubos contiguos. Frente a tales fallas, difíciles de comprobar, conviene asesorarse por un especialista.

Sistemas de calefacción central

Los sistemas de calefacción central plantean problemas distintos, tales como la regulación de la combustión y la adaptación de ésta a las demandas de calor.

El regulador automático de temperatura más sencillo consiste en una varilla bimetálica que se dobla según la temperatura de entrada y que por medio de una cadena abre o cierra la entrada de aire a la caldera.

Otros reguladores poseen un termostato ubicado en el interior de las habitaciones que se ajusta a voluntad. Cuando la temperatura del ambiente queda por debajo de la elegida, el termostato pone en funcionamiento un motor eléctrico que abre la válvula de aire de la caldera.

Este sistema de regulación, llamado "de dos puntos", no es perfecto, pues el termostato conecta la calefacción cuando ya hace demasiado frío y se producen así notables fluctuaciones de la temperatura ambiente; además, el agua de retorno corroe las paredes de la caldera porque está demasiado fría. Para evitar estos inconvenientes se coloca hoy en muchas instalaciones una válvula mezcladora donde se cruzan los caños de entrada y salida de agua a la caldera. Según se la ajuste, la válvula permite que una mayor o menor proporción del agua de retorno (fría) pase a la tubería del agua proveniente de la caldera (caliente). El resto del agua de retorno ingresa como siempre, a la caldera para ser calentada.

Este sistema hace que la caldera reciba agua más caliente, mientras los radiadores reciben agua más fresca; el ajuste de la válvula permite una exacta adaptación a la demanda de calor, y se mantiene más constante la temperatura ambiente. El mando de la válvula es manual o automático. En el interior de la casa hay un termómetro con un selector para elegir la temperatura deseada. Otro termómetro mide la temperatura del agua antes de entrar en los radiadores, y ambos transmiten los valores registrados a un termostato electrónico. Cuando la temperatura del ambiente difiere de la determinada en el selector, un motor regula la válvula mezcladora, aumentando o disminuyendo el paso del calor, según se requiera.

Este sistema permite además, en combinación con un reloj, hacer que la calefacción cambie, por ejemplo, durante la noche, cuando frecuentemente se desea una menor temperatura ambiente.

Naturalmente, el mantenimiento y control de estas complicadas instalaciones debe hacerse por personal especializado, aunque es conveniente que el dueño de casa conozca, al menos, los principios básicos de su funcionamiento.

La mayor dificultad que presenta la calefacción central surge en la primavera o en el otoño, cuando se desea caldear una sola habitación y por poco tiempo, y poner a funcionar toda la instalación resulta antieconómico. Para solucionar esto existe, entre otras cosas, la posibilidad de instalar en un radiador un cartucho eléctrico de calefacción para calentarlo independientemente. En este caso basta con cerrar la válvula de entrada de agua, pues la compensación de presión se realiza a través del retorno abierto.

Otro trabajo que frecuentemente debe realizarse, porque por razones de economía o de otra índole se omitió durante la construcción del edificio, es el aislamiento de las tuberías de calefacción ubicadas en el sótano, para reducir la pérdida de calor que aumenta los costos, y el calentamiento excesivo del lugar, que lo hace inadecuado para el depósito de ciertas sustancias. Esta aislación, sin embargo, también puede hacerse en las cañerías de agua fría, para evitar la condensación de la humedad sobre ellas. El método más sencillo consiste en envolver los caños con un cordón o cinta de fibra de vidrio, o de otra materia aislante. Las vueltas, que deben estar muy juntas, pueden cubrir varios caños cuando corren juntos. Sobre ellas, para evitar la suciedad, se coloca una cinta de algodón o yute que se cubre con una lechada de yeso, alisada con un pincel húmedo; esta cubierta puede pintarse luego a la cola o a la cal.

Los caños extendidos en la tierra o en lugares húmedos, por su parte, pueden envolverse en una venda alquitranada para protegerlos contra la corrosión.

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