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Aislamiento térmico

Sin duda, cualquiera se dará cuenta pronto si de manera permanente le desapareciera dinero de la billetera, pero cuando se pierde calor del departamento o la casa porque hay elementos deficientemente construidos uno no lo nota o lo nota demasiado tarde. El calor perdido no se ve ni puede contarse. Ni siquiera las facturas del combustible consumido permiten reconocer el hecho, pues no hay posibilidad de comparaciones en vista de que el monto final de las cuentas es siempre aproximadamente el mismo.

La responsabilidad de tales defectos recae en primera instancia en las empresas constructoras, pero también los arquitectos tienen su parte de culpa cuando se muestran propensos a guiarse en sus proyectos más por el sentido estético que por las necesidades de los ocupantes. A menudo también imitan modos de edificar eficaces sólo en condiciones climáticas muy diferentes de las del lugar donde se hace la casa; así, por ejemplo, construyen azoteas amplias que sólo son útiles en regiones donde llueve poco y nada, o paredes enteras de vidrio que se justifican únicamente en zonas calurosas. Esto explica por qué muchas construcciones con materiales nuevos o extravagancias estilísticas fracasaron o dieron resultados insatisfactorios.

Pero una vez que los edificios están levantados, quienes tienen que vérselas con los problemas y buscar los medios para subsanarlos son sus moradores.

¿Qué es el aislamiento térmico?

La protección térmica de las viviendas reviste gran importancia porque de su acertada aplicación dependen la salud de los habitantes, la duración de los elementos de construcción y, sobre todo, el costo en calefacción. En muchos países, incluso, la protección térmica de los edificios debe hacerse conforme con normas prescritas por códigos o reglamentos de la construcción.

Todo espacio habitado requiere algún medio para mantener una temperatura adecuada, y evitar su pérdida a través de paredes, techos y aberturas, por donde se verifica un continuo flujo de calor de adentro hacia afuera en invierno y de afuera hacia adentro en verano. Este flujo térmico continuaría hasta el equilibrio total de la temperatura por ambos lados de la pared, si no lo evitásemos calentando artificialmente nuestras viviendas en invierno y refrigerándolas en verano. Esa igualación, sin embargo, también puede evitarse construyendo las paredes de tal modo que opongan una mayor resistencia al flujo térmico.

Pero mientras que es posible un aislamiento total del agua, por ejemplo, el flujo térmico nunca puede ser detenido del todo, ni aun con paredes de varios metros de espesor. Una protección "completa" sólo puede significar que con medidas económicamente aceptables se proporcione un aislamiento térmico satisfactorio.

Coeficiente de resistencia a la conductibilidad

Cada material tiene un distinto grado de conductibilidad, de acuerdo con su estructura y densidad. Los metales, por ejemplo, son buenos conductores térmicos, mientras que las materias orgánicas (madera, cartón, tela, etc.), y las sustancias porosas (poliestireno expandido, fibra de vidrio, etc.) son malos conductores, es decir, transmiten menos el calor de los cuerpos que se ponen en contacto con ellos.

A fin de comparar la conductibilidad de los distintos materiales, se establece para cada uno un valor numérico denominado "coeficiente de conductibilidad calorífica" o "coeficiente térmico" que permite calcular, a su vez, otro de mayor importancia para nosotros llamado "coeficiente de resistencia a la conductibilidad térmica". Este último valor indica la capacidad de cada material para resistir el paso del calor.


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