Imprimir

VERSION IMPRESION

Causas de la condensación

Es inevitable la producción de vapor de agua en el interior de una vivienda. Así, por ejemplo, durante las horas de descanso nocturno, nuestro cuerpo desprende cerca de un cuarto de litro de agua, así como cantidades muy elevadas tan pronto como desarrollamos alguna actividad, especialmente si ésta requiere un esfuerzo extraordinario que nos obliga a sudar y transpirar.

Cuando se abre el grifo para bañarse o ducharse, se llegan a producir casi dos litros de vapor de agua. Otra fuente de vapor acuoso es la humedad externa, que puede penetrar por una pared que da al exterior o por un suelo que descansa directamente sobre el terreno en una planta baja o en un sótano y que carece de aislamiento o que no ha sido convenientemente tratado con un producto antihumedad. Al evaporarse el agua, cala hacia dentro por el efecto del calor que hay en el interior de la vivienda, y con mucho mayor motivo si se utilizan los sistemas de calefacción durante las temporadas invernales.

Ya se ha aludido antes a la producción de vapor de agua en la cocina y en sus dependencias, ocasionado de manera reiterada por el uso de agua tanto fría como caliente en las operaciones de fregado, lavado, secado y planchado de la ropa, etcétera.

La difusión dentro de la casa

La humedad, en forma de diminutas gotas de agua, no se limita a condensarse en las superficies frías de la estancia en que se produce, sino que de una manera normal penetra en otras partes de la casa al evaporarse y cala por las paredes y por los techos, especialmente dentro de los falsos techos, en donde se condensa sobre las zonas frías a las que llega.

El aire caliente húmedo alcanza el envigado a través de las grietas de los techos, los agujeros empleados para el paso de las tuberías y conductos de protección eléctricos, así como por las rendijas de puertas, trampas, conductos de acondicionamiento, etc. Aunque aparentemente estos cerramientos cumplen con eficacia su misión, el vapor de agua como no es otra cosa que un gas, consigue infiltrarse por todas partes por muy ajustados que estén los elementos de cierre.

Se infiltra, asimismo, a través de los techos de yeso, tanto si son continuos como, aún más, en forma de placas, salvo que se hayan dotado de una barrera antihumedad convenientemente aplicada en las juntas o en forma de recubrimiento total. Si no existe suficiente ventilación hacia el aire libre, el vapor de agua se condensa sobre las vigas del techo y debajo de las tejas o de cualquiera de los materiales utilizados para protección en el tejado o azotea.

La cantidad de condensación producida depende de la manera en que se haya construido el techo, del aislamiento y de la ventilación dispuestos en los techos y falsos techos.

Puede formarse de manera muy rápida en un falso techo carente parcial o totalmente de ventilación, por saturación del material aislante hasta convertirlo, prácticamente, en algo ineficaz. Incluso puede impregnar completamente el propio techo, especialmente si está construido con un material poroso que no ha sido tratado con algún aditivo.

El aislamiento que proporciona un techo con un falso techo hace que una vivienda resulte mucho más cálida, pero esto comporta un efecto inverso, es decir, que la misma estructura del techo resulte más fría. Este contraste de temperatura contribuye a la infiltración del vapor de agua producido en las estancias habitadas hacia el interior del falso techo.

Este mismo fenómeno producido en casas con tejado resulta mucho más acrecentado en las edificaciones planas con azoteas y terrazas que tienen una estructura provista con aislamiento de plomo o aluminio, fieltro abetunado o asfalto, que hacen que dicha estructura no "respire".

Evitar la condensación en las estructuras

Cuanto más protegida esté la casa frente a las corrientes de aire, tanto más probables serán la producción de vapor de agua y su condensación. Esta última, casi imperceptible, puede llegar a deteriorar y destruir los tapizados y la tapicería general. Quizás estos resultados sean los más premonitorios, poniendo sobre aviso del peligro de la condensación e induciendo a buscar una mejor ventilación.

La condensación intersticial, o sea la que se produce internamente en las estructuras de obra, puede provocar, efectivamente, daños graves y duraderos a un edificio y, a menos que se haya extendido de manera clara en forma de manchas de humedad en paredes, techos o suelos, en una pared exterior puede pasar inadvertida durante muchos años, pero ocasiona, desde luego, los daños habituales.

En las casas antiguas, llenas de corrientes de aire, el peligro de la condensación intersticial es prácticamente nulo o muy escaso, mientras que en las habitaciones que no están calefaccionadas tal vez tenga algunas manifestaciones leves superficiales. El riesgo aumenta cuando las chimeneas, si las hay, están cerradas, y cuando las ventanas están dotadas de doble acristalado.

En las casas nuevas, bien aisladas, la cocina ha de disponer de campana extractora de vahos y humos. En los baños, así como en los puntos en donde se hallen instalados unos calentadores a gas, se debería tener en cuenta la instalación de conductos de salida de humos y vapores. Lo mismo podría decirse de las instalaciones de calefacción, para las que son indispensables las chimeneas o los conductos de evacuación de humos.

De no ser posible esto, convendrá disponer de extractores que expulsen los vapores o, por lo menos, se deberá abrir la ventana durante unos cuantos minutos después de usar el baño o la ducha.

Es conveniente aprovechar los días soleados y secos para abrir las ventanas y los balcones, regenerando así el ambiente de la vivienda, siempre cargado con vapor de agua aunque no sea evidente su presencia. En cambio, convendrá cerrar las ventanas cuando los fenómenos atmosféricos produzcan una concentración densa de humedad, que tendrá tendencia a penetrar en la vivienda.

BricolajeHogar.net ©2008 todos los derechos reservados

Imprimir | volver <<