¿cómo aislar térmicamente la vivienda?

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El aislamiento térmico de la vivienda

¿cómo aislar térmicamente la vivienda?

El mejor aislante térmico de que disponemos en todos los casos, es el aire. En virtud de ello debería suponerse que una pared doble, con una capa de aire en el medio, daría excelentes resultados y que cuanto mayor es el espacio existente, mejor es el aislamiento. ¡Error! El calor puede trasmitirse también a través del aire, puesto en circulación por las diferencias de temperatura y de la irradiación de la pared.

Para poder aprovechar el poder aislante del aire es necesario inmovilizarlo encerrándolo en celdillas. Los materiales de construcción logran esto mediante la disposición de gran número de pequeñas cámaras, como en los ladrillos huecos, o aflojando el material como en el caso de las sustancias porosas; así son en general los materiales aislantes propiamente dichos.

Al rellenar el hueco de una pared con una sustancia de este último tipo, la posibilidad de transmisión del calor se excluye, o por lo menos se reduce sensiblemente, pues las partículas de aire, ahora encerradas, ya no pueden circular. Las ondas térmicas inciden en la parte del material aislante que da contra la pared, pero el flujo se frena fuertemente a causa de la reducida conductibilidad. La pérdida de calor a través de las paredes se hace así muy limitada.

En la práctica, el aislamiento térmico no se limita simplemente a incrementar el poder aislante de los elementos constructivos; también obliga a reflexiones económicas que empiezan ya con la elección del terreno, cuando se estudia la acción ejercida por el viento y la eventual protección que contra éstos ofrecen los edificios vecinos y la vegetación.

La intensidad y dirección predominante del viento determina también las dimensiones y la ubicación de las ventanas, pues debe tenerse en cuenta que toda abertura en la mampostería, puerta o ventana, deja inevitables fugas para el precioso calor de la calefacción. Por la misma razón deben evitarse las ventanas opuestas en una misma habitación.

Aislamiento térmico y humedad

Una señal inequívoca de deficiente protección térmica es la condensación, durante el período de calefacción, de gotitas de agua sobre los cristales de las ventanas y en superficies impermeables como las de azulejos y pintura al aceite. También se deben por lo general al agua de condensación los papeles pintados desprendidos y las manchas negras de hongos en el revoque de las paredes que dan al exterior. ¿Cual es la causa?

El aire contiene siempre vapor de agua en una cantidad variable, según su temperatura; cuanto más caliente esté, mayor será la proporción de agua capaz de guardar. Así, un metro cúbico de aire caliente, por ejemplo, puede contener más humedad que la misma cantidad de aire frío.

Si el aire del interior del edificio es más cálido que el del exterior tenderá, siguiendo las leyes físicas, a atravesar los elementos constructivos para entregar su calor. A esto se le llama "difusión".
En este proceso, el aire se enfría y en consecuencia disminuye proporcionalmente su capacidad para contener el vapor de agua. De esta manera puede llegar al límite de sus posibilidades, o dicho en términos técnicos, a su "saturación". Si el enfriamiento continúa, termina por abandonar la humedad que ya no puede guardar y la precipita en forma de gotitas sobre las superficies de las paredes. Al principio esto no se nota porque el agua es absorbida de inmediato por el revoque y la mampostería, pero después de algún tiempo, al incrementarse la humedad, aparecen las consabidas manchas oscuras.

A veces, inclusive, puede condensarse el agua en el interior de los muros, sobre todo si éstos se componen de varias capas dispuestas en forma inadecuada. Esto hace disminuir aún más la resistencia térmica a la conductibilidad intensificando, a su vez, la condensación superficial; ello a la larga puede producir deterioros considerables.

En los elementos de construcción donde la protección térmica es suficiente, la saturación del aire se realiza sólo en la superficie interior, o poco menos, y de este modo la humedad puede evaporarse hacia afuera. Por eso es regla de construcción para elementos de varias capas que la protección térmica aumente de adentro hacia afuera, y disminuya en el mismo sentido, la resistencia a la difusión.

Otra manera de enfrentar el problema de la condensación de la humedad en las paredes interiores es la utilizada, por ejemplo, por los norteamericanos. El lector habrá observado en las películas de ese origen que en las oficinas existen expendedores de agua con jarritos de cartón y que la gente bebe continuamente. Esa inusitada sed tiene su razón de ser. Allí hacen muy poco para incrementar la protección térmica, pues les resulta más barato compensar la pérdida de calor mediante una intensa calefacción de las habitaciones y, para impedir la precipitación de agua que ello acarrea, ajustan los acondicionadores de aire de modo de reducir la humedad atmosférica a tan sólo un 25 por ciento. En ese clima superseco, la gente elimina mucha humedad del cuerpo y por ello siempre tiene sed. Claro que si nosotros no queremos llegar a esos extremos, debemos resolver el problema de otra manera.

Humedad en las paredes

Por regla general, la pared de un ladrillo y medio de espesor, con revoque adecuado por ambos lados, se considera suficientemente aislante; de ese modo, si se coloca una protección térmica adicional, por ejemplo, un revestimiento interno de placas aislantes, puede sobrepasarse en un 200 o 300 por ciento el aislamiento existente. La inversión realizada se compensará con creces por el ahorro en los gastos de calefacción.

Cuando las temperaturas exteriores son sumamente bajas también pueden aparecer, en elementos suficientemente aislados, alguna humedad de condensación, pero ésta cede pronto con una intensa ventilación y una alta temperatura interior. Pero si en los períodos de calefacción se observa gran humedad, la causa es una protección térmica insuficiente.

Los puntos donde más frecuentemente hay humedad de condensación son las caras interiores de los dinteles de las ventanas de hormigón y las uniones entre las losas y las paredes exteriores, en especial, en el cielo raso o junto a él, debido a la alta capacidad conductiva del hormigón.

La figura 25 muestra su correcta aplicación. Alí el voladizo fue revestido enteramente de placas aislantes que luego se cubrieron de revoque. Además el dintel de hormigón fue dividido longitudinalmente para colocar también en el medio placas aislantes. Esto favorece la colocación del dintel, porque las distintas partes son menos pesadas y mejora el aislamiento porque el frío se mantiene alejado del marco interno; si la placa aislante sólo cubriese la parte exterior del dintel dejaría sin protección la cara inferior de la mocheta.

Claro que para mejorar el aislamiento térmico en una obra terminada estas reflexiones tienen poco sentido, pues la única posibilidad es la colocación del material aislante por el lado interno.

A pesar de todas las medidas que se tomen, sin embargo, la pérdida de calor a través de los cristales de las ventanas es inevitable, y al calcular la demanda de calor necesario, se debe tomar en cuenta la capacidad correspondiente de los radiadores o, en las zonas muy frías, utilizar ventanas dobles.

Antes de iniciar el período de calefacción deben examinarse cuidadosamente todas las ventanas de las habitaciones y colocar, en caso necesario, burletes de material esponjoso, a fin de evitar al máximo la pérdida de energía térmica a través de los bordes que ajustan mal.

Humedad en el techo

El techo y el desván tienen gran importancia para la protección térmica de la vivienda, pues como el aire caliente, siguiendo las leyes físicas, siempre sube, estos elementos de la construcción no sólo deben proteger la temperatura exterior y las inclemencias del tiempo, sino también impedir la fuga del calor producido artificialmente en el interior de la vivienda.

En los techos con desván, la función de cubrir y evitar la pérdida de calor son cumplidas por dos elementos distintos separados por un gran colchón de aire. En estos casos, la completa aislación térmica de los ambientes interiores se logra mediante una capa de material aislante colocada sobre la cubierta horizontal. Las cubiertas exteriores de tejas árabes o planas siempre permiten el paso del aire, y la continua ventilación transversal; eso hace que la temperatura interna del desván apenas supere a la exterior produciendo lo que suele llamarse un "techo frío".

Cuando hay azotea, en cambio, la losa de hormigón, más sencilla y barata, prescinde de la armadura de madera; ahora se trata de un techo de una sola lámina, donde las dos funciones consabidas son cumplidas por un mismo elemento. En tales condiciones, es muy fácil que en el cielo raso se condense el agua del ambiente, produciéndose "goteras".

Se necesita entonces una espesa capa de aislamiento térmico que separe bien el aire caliente del frío.

Sin embargo, aun así puede haber sorpresas, pues, por ejemplo, pueden formarse ampollas llenas de agua en la cubierta impermeable que cubre la losa. En este caso, el aire caliente de la habitación penetró a través de la losa de hormigón y al enfriarse precipitó el agua en ese espacio porque la capa impermeabilizante impedía el pasaje del vapor. Como a medida que aumenta la humedad disminuye proporcionalmente la resistencia térmica, el proceso de difusión y precipitación se aceleran hasta que grandes trozos de la capa impermeabilizante queden destruidos o levantados.

La difusión puede impedirse aquí con la colocación de una "pantalla" realizada con un material denso, como el cartón alquitranado o las láminas de plástico o metal. El lugar más conveniente para su instalación parecería ser la cara inferior de la losa, porque así se impediría que el aire del ambiente penetre en el cielo raso. Pero de esta manera en cada tabique la pantalla queda interrumpida y deja una brecha; no es por lo tanto suficientemente segura. Por eso la pantalla suele colocarse por encima de la losa y por debajo del aislante térmico, siempre que este último tenga un espesor tal (7 a 8cm) que el aire nunca alcance su temperatura de saturación junto a la pantalla.

Para estar completamente seguros y protegernos también contra las diferencias extremas entre las temperaturas exterior e interior hay que construir una cubierta ventilada por debajo de la
aislación térmica. Como pantalla se coloca un cartón para drenaje y sobre él una capa de grava gruesa. El cartón sólo se pega por puntos, así se logra entre la losa de hormigón y la pantalla protectora contra la difusión un espacio suficiente de aire para evacuar el vapor del aire que atraviesa el cielo raso y el agua de condensación que se hubiera formado. Esto requiere por supuesto que el espacio esté abierto por los aleros.

Una buena ventilación como la requerida se obtiene también con una pantalla realizada con chapas con canales de ángulos rectos.

Sin embargo, cuando se trata de techos muy amplios, a veces tampoco funciona este tipo de ventilación porque los huecos, relativamente pequeños, oponen mucha resistencia al vapor de agua que se dilata. Entonces hay que colocar tubos por ventilación adicionales en la cubierta.

Materiales aislantes

El mercado de la construcción ofrece un gran número de productos aislantes de la temperatura y como reciben denominaciones distintas, eso puede llegar a confundir al aficionado. Primordialmente consisten en sustancias livianas y porosas, presentadas en forma de placas, láminas o como material suelto.

Los aislantes térmicos pueden clasificarse teniendo en cuenta que se trata de sustancias orgánicas o sustancias sintéticas.

Los aislantes constituidos por materiales orgánicos son los siguientes:

    • Placas de fibra blanda, hechas de madera desmenuzada, con una estructura floja, parecida al fieltro.
    • Placas de lana de madera, con aglutinante de magnesita o cemento.
    • Placas de turba prensada, generalmente impregnadas de alquitrán.
    • Placas de corcho aglomerado con un aglutinante de alquitrán.
    • Esteras de fibra de coco aplicadas sobre papel o cartón alquitranado.

Por su parte, son aislantes de material sintético las fibras de vidrio en forma de placas y de láminas de distintos espesores o sueltas, en fardos. Además se utiliza el poliestireno o poliuretano expandidos en placas de distintos espesores.


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