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Techos y fachadas

Entre los problemas fundamentales que afectan a todo edificio, el agua ocupa sin duda el primer lugar. Esta se encuentra en forma de lluvia que tamborilea sobre el techo y el revoque de los muros exteriores, corre a través de canaletas y caños, y, también, penetra en el suelo, lo embebe y sólo porque usamos aislamientos adecuados no convierte el sótano de nuestra casa en una pileta de natación. El agua, además, recorre por cañerías todas las paredes, cae resonando en lavabos y bañeras, y desaparece por los desagües. Por medio de otras cañerías también la utilizamos para la calefacción.

El agua está en todas partes

Mientras se porte como nosotros queremos, todo va bien; si se independiza y sigue sus propios caminos, las consecuencias son siempre desagradables. Es un elemento útil mientras el hombre lo domina, pero se convierte en una fuerza tremendamente destructiva en cuanto se emancipa y abandona las sendas prescritas.

El agua y el aire son los elementos básicos que hacen posible la vida en el planeta, pero ocasionan al mismo tiempo la destrucción de toda la materia muerta. Son éstas las tareas que la naturaleza les ha asignado y las cumplen concienzudamente desde hace miles de años.

Muchos millones de anónimas gotitas se dedican a destruir nuestros edificios. Los que consideramos fenómenos de descomposición causados por el tiempo -los "estragos del tiempo", decimos son obra suya.

El agua penetra, socava y disgrega; literalmente, hace saltar nuestras caras viviendas, pero no de un golpe, sino por pedacitos y sin ningún ruido. No es exageración decirlo, pues ni los gruesos caños de acero resisten a la fuerza expansiva del agua congelada.

Todo esto no debe extrañarnos sin embargo, pues como sabemos, montañas enteras son destruidas por la erosión hidráulica, centímetro a centímetro. Cada deshielo lleva toneladas de rocas a los valles, donde la destrucción prosigue hasta que los más grandes bloques de piedra son reducidos a minúsculas partículas de polvo.

Los funcionarios viales suelen contrarrestar esos hechos colocando carteles con la leyenda: "¡Cuidado, alud! ", y dejando a criterio de los usuarios del camino la manera como deben cuidarse... Al fin y al cabo se les advirtió.

La humedad ataca nuestras casas

Cuando la humedad ataca nuestras casas y departamentos, sin embargo, la colocación de carteles no surte ningún efecto; debemos hacer algo más concreto antes de que el daño aumente. Para nuestros edificios el agua incontrolada es el "enemigo público N° 1", causa principal de toda destrucción, y podremos ahorrarnos muchos disgustos y, sobre todo, evitar daños mayores, reparando los deterioros apenas se produzcan.

En primer lugar, el agua da sobre el techo, cuya misión es desviarla por las canaletas y los caños de bajada.

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