Cómo pintar sobre madera y técnicas de pintura

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Herramientas y tipos de pintura para madera

Comenzaremos por señalar los diferentes tipos de pintura para maderas que pueden ser utilizadas, ya sean pinturas en base a solventes como pinturas en base acuosa. En cualquier caso, ya sea la madera como las pinturas para la madera, nos ofrecen enormes variedades, las cuales son más que ideales para la decoración de una habitación a nuestro gusto.

En cuanto a los tipos de pintura, dentro de las de base de solventes se encuentran los esmaltes sintéticos, los barnices y los óleos. En cuanto a las pinturas de base acuosa, se presentan los látex, las acrílicas y las témperas.

La elección de cada pintura deberá ser consecuencia de qué tarea pretendemos hacer y qué buscamos con cada una.

Por otro lado, las herramientas que necesitamos se pueden separar entre las que se requieren para la etapa de preparación de la superficie a pintar y las que precisamos para la ejecución del trabajo. Para lo primero requerimos de lijas, y tapaporos. Para el trabajo de pintura, requerimos de rodillos, esponjas, brochas y pinceles de punta gorda y de punta plana, de diferentes tamaños. Por último, para el acabado de la pintura, precisaremos de barniz, betún de Judea y cera.

Cómo realizar el trabajo

El trabajo de pintura sobre madera se realiza por etapas. La primera es la etapa de preparación de la superficie, la cual deberá ser lijada y limpiada de cualquier resto de polvo o aserrín. Luego, aplicaremos tapaporos, buscando una superficie lisa y compacta, eliminando así las chances de que la madera absorba mucha pintura.

La segunda etapa es aplicar pintura acrílica, una sola mano y dejamos secar. Posteriormente, y si se busca estampar un diseño particular sobre la pared de madera, pasamos a transferirlo a la misma, con papel de carbónico.

Así comenzamos a pintarlo, etapa por etapa, también con pintura acrílica o látex y óleos. Los detalles se van agregando al diseño general paso por paso, dejando secar y volviendo al trabajo.

Otra opción es la pintura laqueada, sobre una primera mano de acrílico. Para finalizar, se aplica el acabado a la pintura, usando barniz, betún o cera, opciones diferentes según lo que buscamos.

Técnicas de pintura sobre madera

Desde aquí vamos a intentar dar ideas y sugerencias para aprender a manejar algunas antiguas técnicas de pintura, que olvidadas en el tiempo, hoy parecen gozar de un lozano resurgir, gracias a la moda rústica o campesina, moda «retro», que se está imponiendo en la decoración del hogar. Comenzaremos por los materiales que nos serán necesarios, y como de pintura se trata, lo primero será la propia pintura. Usaremos prácticamente en exclusiva pintura acrílicas al agua. En lo que a pinceles se refiere, estarán en directa relación con el motivo que elijamos. Desde luego, siempre habrá que distinguir entre las brochas con las que pintaremos el fondo o cuerpo de la pieza y los pinceles que usaremos para perfilar y pintar el motivo propiamente decorativo. Para este trabajo los mejores son los de pelo de marta, aunque de precio elevado. Los hay también buenos y de menor precio, de otra calidad. Igualmente permiten desarrollar un excelente trabajo. Redondos por lo menos necesitaremos tres (2, 4 y 6) y al menos otros dos planos. Sumemos a lo anterior un lápiz blando y papel de calcar especial.

Esto se comprará en las casas de venta de artículos de artesanía o la librería. Además, papel vegetal en rollo, papel de lija fino y al agua, tapaporos y disolvente universal para limpiar los útiles usados con el tapaporos. En la fase de terminación: «betún de Judea», barniz o cera, según el trabajo de cine se trate. Ahora nos abocaremos a iniciar el trabajo en particular. Se trata de una librería de madera de pino de esas que se consiguen en cualquier buena casa de bricolaje, en forma de kit. Normalmente no requieren un lijado previo y sólo debe hacerse en caso de que presenten asperezas. en alguna zona. Una vez revisada la pieza y en una habitación bien aireada debe procederse a dar una mano de tapaporos para madera. Ello nos permitirá, al tener superficies lisas, un considerable ahorro de pintura. Una vez seca esa mano de tapaporos (seguir las instrucciones del fabricante que estarán en el propio envase) conviene, con una lija fina, dar una pasada muy suavemente sobre toda la superficie. Lo que necesitamos lijar no es la madera, sino el material incorporado a ella, el tapaporos, por lo tanto, la tarea será rápida y sencilla. El polvillo que queda después del lijado, lo debemos recoger con un paño ligeramente húmedo y entonces sí, ya ¡por fin! estaremos en condiciones de dar la primera mano de pintura acrílica al agua en el color que para ello hayamos elegido. En el caso que nos ocupa, el color elegido es el «verde musgo». Dado que en este mueble, vamos hacer un motivo centro-europeo el color verde responde no sólo a la decoración del entorno en el cual se va a colocar, sino que era habitual en el siglo XVII, momento en el que se desarrolla este tipo de pintura. Usar sólo los verdes, azulados y grises. No obstante, el color es algo a decidir de forma muy personal.

El estilo de pintura

Una vez acabada y seca la pintura base elegiremos el motivo. Nosotros nos inclinamos por un motivo floral típico de la pintura campesina, inspirados en la naturaleza circundante. Así emparentamos con los motivos rurales, románticos y recargados, típicos del período Barroco que es cuando nace esta modalidad de pintura.

La puerta del mueble lleva incorporados unos ornamentos habituales de la cultura del norte de Europa. Se ha efectuado un marco que delimita el dibujo central.

Las flores que componen los ramos siempre son las mismas: amapolas, tulipanes, rosas, típica de la comarca que le otorga su nombre, muguets, girasoles y espigas de trigo. Se podría decir que con ellas se elaborarán todos los ramilletes que ornamentarán los muebles rurales de la Europa Central entre el 1700 y 1800. Para completar y muchas veces enmarcar dichos motivos, se recurría a desarrollar perimetralmente una guirnalda en la que igualmente se encadenaban hojas, flores y motivos geométricos con formas curvas de «S» o «C», colocadas tanto hacia la derecha como hacia la izquierda, verticales u horizontales. ¡Ya lo tenemos! Es un ramo grande en un pequeño jarrón, otra de las características de este estilo. Siempre los recipientes son chiquitos. ¡Manos a la obra!

Los motivos del mueble

El motivo principal lo transferiremos con la ayuda del papel vegetal y con el papel carbónico en la tapa principal que hará las veces de mesa de trabajo. Tendremos, con la ayuda de una fotocopiadora, que adecuarlo al tamaño de la superficie en la que vamos a pintarlo. En nuestro caso hay que agrandarlo.

Para realzar aun más el motivo, agregaremos alrededor una guirnalda de flores en dos colores. Para lograr un buen resultado nos vamos a valer de la cinta de papel engomado con la que trazaremos el campo. Ya hemos adaptado al tamaño adecuado el motivo. Nos disponemos a transferirlo primero al papel vegetal y desde él a la madera con un lápiz de distinto color para no dejar de calcar en ningún lado.

Una vez transferidos, estamos listos para iniciar el motivo central. A efectos de lograr una mayor comodidad, una vez elegidos los colores que vamos a utilizar con la ayuda de una «huevera» colocaremos pequeñas cantidades de pintura en cada cuenco. A continuación y mediante estos diagramas se pintará cada flor siguiendo la dirección que indica la flecha. Primero con el color predominante todo el cuerpo de la flor u hoja que se está pintando, cuando éste se encuentre húmedo se iniciará el proceso de iluminar o sombrear esas luces y sombras tan típicas de la pintura rural. Se utilizará para ello el blanco para la luz y el mismo color predominante de la base, pero oscurecido con algo de negro, para las sombras. El secreto está en hacerlo en un solo trazo, con pulso firme y en lo posible sin retocarlo. Al inicio de la pincelada, ejercer una presión media sobre el objeto, en consecuencia el trazo será grueso y luego dicha presión se ira aligerando a medida que se vaya llegando a la punta del mismo, ello hará que la pincelada final sea fina.

A los efectos de lograr seguridad en el trazo, se podrá apelar al uso de un pequeño soporte que se improvisará con una tabla apoyada sobre unos libros, tal y como se muestra en el dibujo. Es aconsejable antes de hacerlo sobre el mueble u objeto elegido, practicar sobre papel.

¿Por qué pintar sobre madera?

La madera, aún si pintar o decorar, es uno de los materiales que más opciones y variantes nos dan al momento del diseño y la decoración de una habitación. Si a esto le sumamos que existe una gran diversidad en temas de acabado, decorado y pintado de la madera, el abanico se ensancha considerablemente. De todas formas, aquí nos enfocaremos en los tipos de pinturas acordes para la madera, así como en las herramientas que se requieren tanto para la ejecución de la tarea y el acabado de la misma.

Las opciones principales de la pintura para madera, parten de las pinturas de base solvente y las pinturas de base acuosa. En el caso de las primeras están los barnices, los óleos, los esmaltes sintéticos. En cuanto a las segundas, se presentan el látex, las acrílicas y las témperas.

Cada una de estas variantes se corresponde tanto a qué pintura deseemos, tanto como a qué uso pretendemos darle la madera. 

Herramientas y preparación que se precisan

En cuánto a la ejecución en si misma de la pintura sobre la madera, debemos, en primera instancia, preparar óptimamente la madera, así como hacerse de todas las herramientas necesarias para la tarea.

En tanto a las herramientas que se requieren para pintar sobre madera, las mismas son pinceles, rodillos, brochas, aerógrafos y esponjas. Refiriendo específicamente a los pinceles, éstos pueden ser de diferentes tamaños y calidad, ambos puntos dependerán del trabajo a realizar.

En cuanto a la correcta preparación de la madera, previamente a pintar, las herramientas que precisaremos serán lijas, tapaporos, así como, para acabar la pintura, deberemos tener barniz, betún de Judea o cera.

El repintado de la madera

Si no hay partes sueltas o ampolladas y la adherencia de la pintura vieja es buena, bastará con lijar toda la superficie a pintar y limpiar con un trapo y aguarrás (apenas húmedo). Luego, aplicar la primera mano del esmalte sintético elegido. Pasadas 6 a 8 horas, lijar nuevamente con lija fina para romper el brillo y volver a pintar. A veces, entre mano y mano suele haber desprendimientos de la pintura vieja porque la nueva «tira». En estos casos hay que rasquetear con la espátula, masillar, dejar secar y lijar bien hasta que quede parejo el parche con el resto. Conviene repasar estos lugares con una pincelada de esmalte, para que tome color y se igualen las texturas. Después de un par de horas pintar todo.

Pintar cuando el deterioro de la madera es total

En el caso de que la pintura vieja se encuentre agrietada, quebrada, ampollada, con descascaramientos amplios, lo más probable es que toda la superficie se encuentre degradada y sea necesario en este trabajo de bricolaje quitar toda la pintura anterior.

  • Método 1: En seco. Espátula, lana o viruta de acero, lija. Es el método más limpio pero no siempre sale toda la pintura. Después de lijar, el enduído o la masilla pueden devolverle buena apariencia.
  • Método 2: Calor. Con un soplete de gas o una pistola de calor (parece un secador de pelo pero mucho más potente) se va calentando la pintura hasta que se empasta y se recoge con la espátula. Inconveniente: el humo que se desprende suele ser muy molesto v si se trabaja con soplete hay que tener cuidado de no quemar la madera.
  • Método 3: Usar removedor. Actualmente existen varias marcas que ofrecen un removedor gelatinoso que en cierta medida facilita su aplicación pero, como siempre, el inconveniente mayor estriba en el enjuague ya que son muy cáusticos y deben ser eliminados totalmente antes de pintar.
  • Método 4: Lavar con soda cáustica. Esta sustancia se disuelve de a poco en agua caliente en proporción de 1 kg en 6.litros. Se debe trabajar con guantes de goma y antiparras. Se aplica con cepillo de plástico duro, con mango largo para evitar salpicaduras. Una vez que está mojada toda la madera, se deja actuar unos minutos y la pintura vieja se desprenderá fácilmente con una espátula o bien escobillándola con una escoba de paja recortada. El enjuague es la parte fundamental del trabajo: mucha agua limpia y escoba por todos los vericuetos. No debe quedar ni el más insignificante vestigio del cáustico pues estropearía el trabajo final. Casi seguro que si llegó a este punto de la tarea y la madera es buena, tendrá fuertes deseos de rescatar el valor de las vetas y no taparlas con pintura. Su elección será el barnizado.

Pintar sobre hierro

Los metales juegan un papel importante en la construcción contemporánea. A nivel domiciliario, y sobre todo en casas y departamentos de reciente factura, la presencia del hierro y el aluminio son destacadas. Este último en estado natural sólo requiere cada tanto un bruñido con esponja de lana de acero superfina o si viene pintado de fábrica necesitará un lavado con agua y detergente neutro.

En cuanto al hierro de marcos, puertas, ventanas, mobiliario, etc. por ser más propenso a la corrosión necesitará un tratamiento más meticuloso.

  • Hierro sin pintar: La chapa de hierro con la cual se fabrican distintos enseres para la casa viene revestida con una fina película de grasa de protección que debe ser eliminada en su totalidad para poder realizar una pintura que sea durable.
  • Muchos marcos metálicos de puertas y ventanas traen una película de antióxido pero tan inconsistente que con rasparlos con la uña se desprende. Esto indica que por debajo hay rastros de grasitud. Un rasqueteo y lijado a fondo se impone. Después un trapo humedecido en aguarrás hará el resto.

Antióxido o convertidor

El minio de plomo, sustancia de color naranja rojizo fue conocido desde la antigüedad como el antioxidante del hierro. Su fama llega hasta hoy ya que en algunos países se identifica a cualquier antióxido con ese nombre.

Las pinturas llamadas antióxido, lejos del minio, pero con efectos sorprendentes para retardar la formación de corrosión en los metales ferrosos, son muy utilizadas actualmente. Se aplican a rodillo, pincel o pistola sin que sean necesarios conocimientos especiales. Salvo excepciones fundadas no se debe diluir ya que así conserva su grado de máxima dureza y adherencia. En caso de necesidad el producto admite ser diluido con aguarrás de buena calidad.

Dos manos cruzadas brindan mejor resultado que una sola ya que el efecto antioxidante depende de la ausencia de porosidades y el espesor de la capa. El secado se produce en una hora para el tacto y en 6 a 8 hs para máxima dureza. No es necesario lijar entre manos, pero sí después de la segunda, antes de pasar al acabado, para eliminar rastros de pinceladas y cualquier granulosidad.

El convertidor de oxido

Es un producto de generación más reciente que también evita la transformación del metal pero debe ser utilizado cuando ya está avanzado el proceso de corrosión. El convertidor actúa demorándolo por un lado y transformando el óxido superficial en sustancia inerte incapaz de seguir atacando.

Luego se aplican dos manos de convertidor, respetando los tiempos de secado.

Cuando se habla de lijado de metales hay que recordar que la lija común para madera y paredes no sirve para el hierro. Se debe utilizar tela esmeril que resistirá mejor la dureza del metal, y para acabados, lija al agua que se presenta en otras medidas de granos y con un encolado especial que permite sumergirlas en un recipiente con agua cada vez que se empasten. También brindan buenos resultados las almohadillas abrasivas. Son algo más caras pero en la chapa, tienen un rendimiento superior a las lijas de madera.

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